Cuenta la leyenda que un barco holandés con rumbo a las Antillas Holandesas encalló en la costa yucateca debido a una tormenta; entre los restos del naufragio traía uno de los productos típicos de los países bajos: el Queso de Bola. Su fabricación en esas latitudes se remonta a una época anterior al descubrimiento de América. Esta bola achatada de cáscara dura forrada en cera roja y centro cremoso macizo con pequeños agujeros encantó, con su fuerte sabor, el curtido paladar mexicano. Debido al clima mexicano y a la inexistencia de refrigeradores el consumo se realizó en la medida en que el contrabando lo permitía. En la década de 1950 los yucatecos debieron migrar a otras regiones de México llevando consigo el gusto por este delicioso queso. El queso de bola se convirtió en un boom comercial que duró más de medio siglo y que sin embargo ha ingresado en una pendiente, atacado por la ignorancia culinaria de las nuevas generaciones. |